Energía hidroeléctrica

En general, alrededor de 15% del agua del mundo es para producir o usar energía de una forma u otra.1Agencia Internacional de Energía, World Energy Outlook 2012 (París: Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico, 2013). Si bien las represas hidroeléctricas aparecen en el panorama como un uso obvio del agua para la energía, otras partes de la cadena de suministro de energía también dependen del agua para una variedad de propósitos. Por ejemplo, las industrias extractivas que producen combustibles como el carbón, el uranio, el petróleo y el gas utilizan agua para descargar los fluidos hacia la tierra, controlar el polvo en las minas o separar los minerales. Además, el agua es una entrada de energía para los cultivos como el maíz para el etanol o la biomasa para gránulos de combustible. Las centrales termoeléctricas dependen del agua para enfriar y aumentar la eficiencia de sus turbinas. En términos generales, el uso del agua mejora el sector de energía. Sin embargo, la interdependencia del agua y los sectores de electricidad presenta una gran punto vulnerable para ambos sistemas.

La primera central hidroeléctrica en las Cataratas del Niágara desvió el agua que caía naturalmente hacia la central eléctrica sin el uso de un embalse.

Construida en 1895 en las Cataratas del Niágara, Nueva York, la Central Eléctrica Edward Dean fue la primera central de gran escala de corriente alterna en el mundo. Diez generadores Westinghouse proveyeron 37 megavatios de electricidad hasta que la central cerró en 1961.

En los Estados Unidos, la instalación de represas hidroeléctricas se aceleró debido a los esfuerzos de recuperación económica durante la Gran Depresión y al esfuerzo militar de la Segunda Guerra Mundial. La Gran Depresión creó la motivación económica para grandes proyectos de obras públicas, mientras que la guerra creó la demanda de electricidad. En la década de 1930, los empleos estaban escasos y los políticos vieron a los proyectos grandes relacionados con el agua como una manera de emplear a las masas a la vez que lograban otros beneficios útiles como proveer electricidad y satisfacer las necesidades de navegación, comercio, recreación, control de inundaciones y almacenamiento de agua.

En esta era fue cuando comenzaron la Represa Hoover (conocida inicialmente como Represa Boulder) y otras represas hidroeléctricas prominentes (Shasta y Grand Coulee). Los beneficios polifacéticos de las represas justifican su construcción incluso hoy en día. Por ejemplo, la Represa Sardar Sarovar en India fue diseñada para proveer irrigación a un millón de agricultores, agua potable a 29 millones de personas, 1.5 gigavatios (GW) de electricidad y cinco mil empleos nuevos.2 “Project At A Glance”, Sardar Sarovar Narmada Nigam Ltd., modificado por última vez el 23 de agosto de 2016, accedido el 24 de mayo de 2015, enlace.

Las cuadrillas de construcción trabajan en la base de la Represa Grand Coulee en Washington en 1938. La represa es uno de docenas de proyectos masivos relacionados con el agua que llevó a cabo la Administración de Obras Públicas durante la década de 1930.

El simple diseño de una represa hidroeléctrica da pie a 90% o más de eficiencia de conversión de la energía potencial del agua elevada a energía eléctrica en la estación generadora.3Instituto de Energía del Ejército de EE.UU. para los Recursos de Agua, Hydropower: Value To The Nation (Arlington, Virginia: Cuerpo de Ingenieros del Ejército de EE.UU., 2009), accedido el 27 de agosto de 2016, enlace. Este rendimiento supera por mucho el 30% a 40% de eficiencia típica de las centrales termoeléctricas convencionales.

Aunque la energía hidráulica no quema combustibles para generar electricidad, las represas hidroeléctricas emiten gases de efecto de invernadero a través de su ciclo de vida. La maquinaria y fabricación necesarias para la construcción producen emisiones. Además, los embalses grandes liberan cantidades significativas de metano de la descomposición anaeróbica de la biomasa orgánica debajo del agua.4Bobby Magill, “Methane Emissions May Swell From Behind Dams”, Scientific American, 29 de octubre de 2014, accedido el 1 de enero de 2016, enlace; y Siyue Li y X. X. Lu, “Uncertainties of carbon emission from hydroelectric reservoirs”, Natural Hazards 62 (2012), 1343–1345, accedido el 27 de agosto de 2016, doi: 10.1007/s11069-012-0127-3. Lamentablemente, es muy difícil estimar y es incierto calcular cuánto gas emana de los embalses.

Image Credits: CrackerClips Stock Media/Shutterstock.com; Library of Congress/public domain; U.S. Bureau of Reclamation/public domain.

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